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Analizando en profundidad este, vemos que en la medida en que es fuerte y complejo, la posibilidad de recibir apoyos adecuados se amplía.
El individuo interactúa con los miembros de su entorno, de forma dinámica y constante, adaptándose a lo largo de su vida, conjunta y lentamente a los cambios que permanentemente se van originando, estableciendo sus propios modelos y recursos de adaptación.
Una situación inesperada y traumática como es un diagnóstico de enfermedad con riesgo de muerte introduce factores insospechados, que distinguiremos por su cntidad y por su calidad.
En cuanto a la cantidad, se ponen en ,marcha un número grande de elementos no habituales.
- Se rompe la rutina de los miembros de la familia; se hace necesario una adaptación a los tiempos.
- Varía el número de miembros presentes en el entorno:
- Hijos que tienen menor atención.
- Otros familiares que se incorporan.
- Ruptura de las relaciones habituales con otros iguales (compañeros de clase, trabajo, etc...).
- Inicio de relaciones con otros individuos extraños hasta la fecha (sanitarios, otros enfermos, familiares de enfermos, etc...).
- Disminución de la vida social del afectado y familiares.
En lo referente a la calidad:
El individuo sufre una serie de estados de ánimo que obligan a adaptarse a los miembros del entorno, variando el tipo de interacción mantenida hasta entonces en lo relativo a intensidad y forma.
Los temores y ansiedades de los familiares y amigos también repercuten en la dinámica de relaciones con el enfermo.
- Se producen situaciones de falta de privacidad.
- Alejamiento y/o ruptura de relaciones hasta entonces muy presentes.
- Afloramiento u ocultación de problemas preexistentes.
- Diferentes niveles de implicación emocional de los miembros de la familia.
En la medida en que la situación conflicto se alargue en el tiempo, más se reducirá el entorno cercano, permaneciendo básicamente la familia, y de estos, los más allegados.
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