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El diagnóstico de leucemia o de cualquier otra enfermedad que pone en peligro la vida o el bienestar de una persona origina diversas reacciones psicológicas más o menos adaptativas. Puede ser útil conocer las respuestas más frecuentes ante un diagnóstico de estas características para reaccionar adecuadamente.
No todos los pacientes experimentan las mismas reacciones ante el diagnóstico.
Enfermar gravemente puede suponer dos clases de amenaza:
- Una amenaza a la supervivencia.
- Una amenaza a la imagen que el paciente tiene de sí mismo.
Amenaza a la supervivencia.
Existen diferencias entre los pacientes en cuanto al grado de amenaza para su vida que perciben en la enfermedad y respecto de lo que creen que se puede hacer para superarla. Sus sentimientos y sus conductas dependerán de estas valoraciones.
Patrones de reacción más frecuentes:
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Espíritu de lucha.
Estos pacientes suelen hacer afirmaciones como estas: "no puedo detenerme ante mi enfermedad", "trato de llevar la misma vida de siempre", "veo mi enfermedad como un desafío", "intento mantenerme ocupado para no pensar en ello".
Estos pacientes ven su enfermedad como un reto, creen que es posible controlarla y tienen una visión optimista del pronóstico.
Se enfrentan a la enfermedad buscando moderadamente información, adoptando un papel activo en su recuperación e intentando seguir con su vida habitual en lo que la enfermedad les permite.
Su estado emocional es positivo, aunque pueden experimentar una ligera ansiedad.
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Evitación y negación.
El paciente puede decir "me pusieron quimioterapia sólo por precaución".
Este tipo de pacientes no percibe ninguna amenaza en el diagnóstico de su enfermedad. Por tanto no se plantea la necesidad de hacer nada especial para curarse y tiene una visión optimista del pronóstico.
Su estado emocional es positivo.
El inconveniente de esta forma de percibir la enfermedad es que el paciente puede no tomar las medidas necesarias para tratarla.
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Fatalismo o resignación.
Ejemplos de afirmaciones típicas de estas personas: "todo está en manos de los médicos / Dios / el destino", "he tenido una buena vida, lo que falte será un regalo".
Estos pacientes perciben el diagnóstico como una ligera amenaza, no creen que se pueda controlar la enfermedad y aceptan con dignidad el pronóstico que sea.
Su comportamiento se caracteriza por la ausencia de estrategias dirigidas a resolver el problema, aceptando pasivamente lo que ocurre.
Emocionalmente reaccionan con serenidad.
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Desamparo y desesperanza.
Suelen decir "no puedo hacer nada ante mi enfermedad".
Estos pacientes ven el diagnóstico de su enfermedad como una gran amenaza o una pérdida, que resulta incontrolable, por lo que tienen una visión pesimista de su pronóstico.
Se rinden ante la enfermedad, sin adoptar ninguna estrategia dirigida a hacerle frente.
Su reacción emocional es la depresión.
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Preocupación ansiosa.
Algunas afirmaciones características de estos pacientes: "no puedo creer que esto me haya sucedido a mi", "temo una recaída".
Estos pacientes perciben su enfermedad como una gran amenaza y mantienen una permanente incertidumbre sobre la posibilidad de controlarla; la misma incertidumbre tiñe su visión del pronóstico.
Suelen recabar excesiva información en su búsqueda de la máxima seguridad. Con frecuencia recurren al uso de medicinas alternativas. Todos sus pensamientos e imágenes giran sobre el problema. Prestan excesiva atención a los síntomas dirigida a detectar cualquier cambio o recaída en la enfermedad.
Su reacción emocional es la ansiedad.
Naturalmente, estos son los patrones de reacción teóricos. En la realidad estos estilos de reacción suelen aparecer entremezclados en un mismo paciente, con características predominantes de alguno de ellos.
Amenaza para la imagen personal.
La posibilidad de morir es la mayor amenaza que una persona puede experimentar, pero esta no es la única. Enfermar gravemente puede introducir múltiples alteraciones en diversas áreas de la vida de una persona: académica, laboral, familiar y social.
Además de los síntomas de la enfermedad, el paciente muchas veces tiene que soportar los efectos secundarios de los tratamientos, que pueden deteriorar sus aptitudes físicas o mentales, cambios en el aspecto físico y cambios en los papeles personales o sociales.
Según cómo valoren o interpreten estas consecuencias de su enfermedad, los pacientes experimentarán diferentes reacciones emocionales:
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Ansiedad,
cuando el paciente ve amenazado su bienestar físico o social por la enfermedad.
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Ira,
si el paciente considera que está siendo injustamente atacado por algo o alguien. Los pacientes pueden sentir rabia contra Dios, que les dejó enfermar, contra su médico por no ser capaz de controlar su dolor, contra los familiares por no prestarle el apoyo adecuado.
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Culpa,
si el paciente se responsabiliza a si mísmo de lo que le pasa. Puede creer que es él el causante de su enfermedad y que está siendo castigado por algún error, pecado o delito. Puede decirse: "si no hubiera hecho tal o cual cosa, podría no haber enfermado".
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Tristeza y depresión
. El paciente experimentará tristeza y desánimo cuando perciba que la enfermedad le ha ocasionado pérdidas de aspectos importantes para él: pérdida de fuerza y vitalidad, pérdida de su papel familiar, social o laboral.
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